Dios te
salve, María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa del Espíritu
Santo, Templo augusto de la Santísima Trinidad.
Dios te
salve, María, Señora mía, mi tesoro, mi belleza, Reina de mi corazón, Madre,
vida, dulzura y esperanza mía queridísima, – más aún – mi corazón y mi alma.
Soy todo
tuyo, oh Virgen benditísima, y todo lo mío es tuyo. More en mí tu alma para
engrandecer al Señor. More en mí tu espíritu
para
regocijarme en Dios.
Oh Virgen
fidelísima: ponte como un sello sobre mi corazón, para que en ti y por ti
permanezca fiel al Señor.
Concédeme,
por tu bondad, la gracia de contarme en el número de los que amas, enseñas,
diriges, nutres y proteges como a hijos.
Haz que, despreciando
por tu amor todos los consuelos terrenos, aspire continuamente a los bienes
celestiales, hasta que por medio del Espíritu Santo, tu Esposo fidelísimo, y de
ti, Esposa suya fidelísima, sea formado en mí Jesucristo, tu Hijo, para gloria
del Padre Celestial.
R/. Amén.
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