Martes, 26 febrero, 2019
1. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
2. Invocación al Espíritu Santo ( 3 veces).
Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María tu amantísima esposa.

1. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
2. Invocación al Espíritu Santo ( 3 veces).
Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María tu amantísima esposa.
G. Envía, Señor, tu Espíritu para darnos nueva vida.
T. Y se renovará la faz de la tierra.
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo, concédenos juzgar y seguir rectamente según el mismo Espíritu y gozar siempre de sus consolaciones. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
3. Invocación a la Voluntad de Dios para que venga a reinar.
Somos nada, Dios es todo, Padre te amamos, continúa Divina Voluntad:
Pensando en nuestras mentes. Mirando en nuestros ojos. Escuchando en nuestros oídos. Respirando en nuestros respiros.
Hablando en nuestras bocas.
Circulando en nuestra sangre.
Palpitando en nuestros corazones.
Amando y perdonando en nosotros.
Moviéndote en nuestros movimientos.
Obrando en nuestras manos. Caminando en nuestros pies.
Sufriendo en nuestros sufrimientos y nuestras almas unidas a tu Voluntad sean los crucifijos vivientes inmolados para la gloria del Padre.
Orando en nosotros y después ofrécete a ti mismo esta oración como nuestra para satisfacerte por las oraciones de todos y darle al Padre la gloria que deberían darle todas las criaturas.
4. Invocación a nuestra Santísima Madre.
+ Trono de la Eterna Sabiduría, Ruega por nosotros y dadnos Sabiduría y ciencia de Dios. Dios te Salve María…
+ Reina de los Ángeles, ruega por nosotros y envíanos tus Santos Ángeles para que nos acompañen y nos protejan en estos momentos de oración y meditación. Dios te Salve María …
+Reina de todos los Santos, ruega por nosotros para que seamos santos como Dios es santo. Dios te Salve María…
5. Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
6. Oración a San José.
Santísimo José, tu que eres mi Padre Espiritual, dirige hacia mi tu mirada llena de amor. Enséñame a vivir como tú para María y Jesús.
Haz que crezca sin cesar en el amor, haz que alcance un espíritu abierto y dócil; a ti confío mi voluntad para que con el mismo celo con que cuidaste de la Virgen María y de Jesús, me cuides y me lleves de tu mano al conocimiento y vivencia de este reino de la Voluntad de Dios. Amén
7. Meditación del Primer Misterio Doloroso del Santo Rosario
LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD ( P.PABLO MARTIN)
T. Y se renovará la faz de la tierra.
Oremos
3. Invocación a la Voluntad de Dios para que venga a reinar.
Somos nada, Dios es todo, Padre te amamos, continúa Divina Voluntad:
Pensando en nuestras mentes. Mirando en nuestros ojos. Escuchando en nuestros oídos. Respirando en nuestros respiros.
Hablando en nuestras bocas.
Circulando en nuestra sangre.
Palpitando en nuestros corazones.
Amando y perdonando en nosotros.
Moviéndote en nuestros movimientos.
Obrando en nuestras manos. Caminando en nuestros pies.
Sufriendo en nuestros sufrimientos y nuestras almas unidas a tu Voluntad sean los crucifijos vivientes inmolados para la gloria del Padre.
Orando en nosotros y después ofrécete a ti mismo esta oración como nuestra para satisfacerte por las oraciones de todos y darle al Padre la gloria que deberían darle todas las criaturas.
4. Invocación a nuestra Santísima Madre.
+ Trono de la Eterna Sabiduría, Ruega por nosotros y dadnos Sabiduría y ciencia de Dios. Dios te Salve María…
+ Reina de los Ángeles, ruega por nosotros y envíanos tus Santos Ángeles para que nos acompañen y nos protejan en estos momentos de oración y meditación. Dios te Salve María …
+Reina de todos los Santos, ruega por nosotros para que seamos santos como Dios es santo. Dios te Salve María…
5. Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.
6. Oración a San José.
Santísimo José, tu que eres mi Padre Espiritual, dirige hacia mi tu mirada llena de amor. Enséñame a vivir como tú para María y Jesús.
Haz que crezca sin cesar en el amor, haz que alcance un espíritu abierto y dócil; a ti confío mi voluntad para que con el mismo celo con que cuidaste de la Virgen María y de Jesús, me cuides y me lleves de tu mano al conocimiento y vivencia de este reino de la Voluntad de Dios. Amén
7. Meditación del Primer Misterio Doloroso del Santo Rosario
La agonía de Jesús en el Huerto
Padre Nuestro…
1. Para
brindarte consuelo en el Huerto, mi Jesús, te ofrezco a tu querida Madre
generosamente compartiendo contigo esta agonía. Ave María...
2. También
te ofrezco a Luisa compartiendo generosamente contigo esta agonía. Ave María...
3. Te
ofrezco todos los besos castos de tu Madre en reparación por el beso
traicionero de Judas y los de todas las demás almas a través de los siglos.
Ave María...
4. Pongo mi
"Te amo" en tus amables palabras a Judas: (Amigo, ¿con qué propósito vienes?)"
(Horas de la pasión) Ave María...
5. Te amo en
tus palabras a Pedro: "Pon de nuevo tu espada en su lugar porque todos los
que tomen la espada perecerán por ella" (Mt. 26:52). Ave María...
6. Te amo en
tu acto de curar el oído de Malco. Ave María...
7. Te amo en
tus palabras: "Yo soy " en el cual tus enemigos "retrocedieron y
cayeron al suelo" (Juan 18: 6). Ave María...
8. Te amo y
te compadezco en el dolor que sientes, como apóstoles, el miedo "dispersó
a cada hombre a lo suyo", dejándote solo. Ave María...
(Juan 16:32)
9. Te amo y
te compadezco en el dolor que sientes por la triple negación de Pedro de ser tu
discípulo: "No conozco a ese hombre" Ave María...
(Mt 26:72)
10. Te amo
en todas las muchas lágrimas que Pedro llora por su negación y en las lágrimas
y el dolor de todos los pecadores arrepentidos. Ave María...
... Y en
todos los Hechos de la Divina Voluntad que se encuentran en el Misterio de la
agonía, los amo, los adoro, los agradezco, los alabo y los glorifico mientras
oro: Gloria al Padre, …………
Oh Jesús...
Oración
después de cada decena:
Suprema Majestad, como su pequeño hijo, vengo sobre sus rodillas paternas, para ofrecerle todos los Hechos de la Divina Voluntad que se encuentran en el Misterio de la agonía, junto con todos mis actos de amor recíproco, que en el Nombre de todas las criaturas, abrazo estos Actos. Con esta ofrenda imploro misericordia, salvación y santificación para cada criatura, el rápido y completo triunfo de la Divina Voluntad en la tierra y Su rápido y completo triunfo en mí. Amén.
8. Venid santos ángeles, tocad la frente de quienes leemos os escritos de la sierva de Dios Luisa Piccarreta para sellar en nuestras frentes el Espíritu Santo y así infundir en nosotros a luz para que podamos comprender las verdades y el bien que estos escritos contienen, Luz de a Sabiduría eterna revélanos el gran misterio de Dios Padre y Dios Hijo reunidos en un solo amor. Amén.Suprema Majestad, como su pequeño hijo, vengo sobre sus rodillas paternas, para ofrecerle todos los Hechos de la Divina Voluntad que se encuentran en el Misterio de la agonía, junto con todos mis actos de amor recíproco, que en el Nombre de todas las criaturas, abrazo estos Actos. Con esta ofrenda imploro misericordia, salvación y santificación para cada criatura, el rápido y completo triunfo de la Divina Voluntad en la tierra y Su rápido y completo triunfo en mí. Amén.

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD ( P.PABLO MARTIN)
La Santísima Virgen Asunta al el Cielo.
El Ave María junto con Jesús.
Me sentí salir fuera de mí misma en las alturas de los cielos, junto con mi amante Jesús. Parecía que todo estaba de fiesta, Cielo, tierra y purgatorio; todos estaban inundados por un gozo, un júbilo nuevo. Muchas almas salían del purgatorio y como rayos llegaban al Cielo para asistir a la fiesta de nuestra Reina Mamá.
Yo también me empujaba en medio de aquella inmensa multitud de gente, es decir, ángeles, santos y almas del purgatorio que ocupaban ese nuevo Cielo, que era tan inmenso, que el nuestro que vemos en comparación de ese me parecía un pequeño agujero, y mucho más, pues tenía la obediencia y permiso del confesor. Pero mientras trataba de mirar no veía más que un sol luminosísimo que despedía rayos que toda me penetraban de lado a lado y me transformaban como en un cristal, tanto que descubría muy bien mis pequeños defectos y la infinita distancia que hay entre Creador y criatura; es más, cada rayo tenía su marca:
Uno mostraba la santidad de Dios, otro la pureza, otro el poder, otro la sabiduría y demás virtudes y atributos de Dios. Así que mi alma, viendo su nada, sus miserias y su pobreza se sentía aniquilada y en vez de mirar, se postraba de bruces ante ese sol eterno, ante el cual no hay nadie que pueda estar frente a él…
Además, para ver la fiesta de nuestra Mamá Reina se tenía que ver desde dentro de ese sol, pues estando la Santísima Virgen tan sumergida en Dios, mirando desde otros puntos no se veía nada.
Ahora, mientras me encontraba en estas condiciones de aniquilamiento ante el sol divino, estando el niñito Jesús en brazos de la Mamá Reina, me dijo:
“Nuestra Mamá está en el Cielo y a ti te doy el oficio de hacerme de mamá en la tierra. Y como mi vida está sujeta continuamente a los desprecios, a la pobreza, a las penas, a los abandonos de los hombres, y mi Madre estando en la tierra fue mi fiel compañera en todas estas penas y además trataba de consolarme en todo,
hasta donde sus fuerzas podían, así tú también, haciéndome de mamá, me harás fiel compañía
en todas mis penas, sufriendo tú en lugar de Mí hasta donde puedas, y donde no puedas, tratarás de darme al menos un consuelo. Pero debes saber que te quiero toda ocupada en Mí y cuando vea que no estás toda atenta para contentarme, no te daré paz ni reposo.”
Entonces empecé a realizar el oficio de su Mamá, pero ¡oh, cuánta atención se necesitaba para contentarlo! Con tal de verlo contento yo no podía ni dirigir una mirada a otra parte… Ahora Él quería dormir, ahora quería beber, ahora quería que lo acariciara, y yo tenía que estar lista para todo lo que Él quería; ahora decía:
“Mamá, me duele la cabeza ¡alíviame!” y yo en seguida le revisaba la cabeza y encontrando espinas se las quitaba, luego, poniéndole mi brazo bajo su cabeza, hacía que reposara, y mientras descansaba, de repente se levantó y dijo:
“Siento un peso y un sufrimiento en el corazón, tanto de sentirme morir; ve qué hay.”
Y observando en el interior de su corazón encontré todos los instrumentos de la pasión y de uno por uno se los quité y los puse en mi corazón…
Viéndolo aliviado, empecé a acariciarlo y a besarlo y le dije:
“Mi solo y único Tesoro, no me has dejado ver la fiesta de nuestra Madre Reina ni escuchar los primeros cánticos que le cantaron los ángeles y los santos cuando hizo su entrada al paraíso.”
Y Jesús:
“El primer canto que le cantaron a mi Mamá fue el Ave María, porque en el Ave María están contenidas las alabanzas más hermosas, los honores más grandes, y se le renueva el gozo que sintió al ser hecha Madre de Dios; por eso vamos a rezarla juntos para honrarla, y cuando tú vengas al paraíso te haré encontrar esta Ave
María como si la hubieras dicho junto con los ángeles aquella primera vez en el Cielo.”
Entonces rezamos la primera parte del Ave María juntos.
¡Oh, cómo era tierno y conmovedor saludar a nuestra Mamá Santísima junto con su querido Hijo!
Cada palabra que Él decía daba una luz inmensa en en el cielo pero ¿quién puede decirlas todas, y menos yo por mi incapacidad?
Por eso hago silencio.
María, María, María
26 de septiembre de 1899
Vol. 2
La Santísima Virgen,Portento de la gracia.
…Después miré el bellísimo rostro de Jesús y en mi interior sentí un contento indescriptible y dirigiéndome a Él le dije:
“Dulcísimo amor mío, si yo siento tanto deleite al verte, ¿qué habrá sentido nuestra Mamá Reina cuando te encerraste en su seno purísimo? ¿Cuántos contentos, cuántas gracias le diste?”
Y Él:
“Hija mía, fueron tales y tantas las delicias y las gracias que derramé en Ella que basta con decirte que lo que Yo soy por naturaleza, nuestra Madre lo alcanzó por gracia; y mucho más, pues no teniendo culpa, mi gracia pudo dominar en Ella libremente, así que no hay cosa de mi Ser que no le haya conferido a Ella.”
En ese momento me pareció ver a nuestra Mamá Reina como si fuera otro Dios, con esta única diferencia:
Que en Dios es naturaleza propia y en María Santísima es gracia recibida.
¿Quién puede decir cómo quedé asombrada? ¿Cómo se perdía mi mente al ver este portento de gracia tan prodigioso?
21 de noviembre de 1899
Vol. 3
Jesús se deleita en Luisa
Auxiliada por la Santísima Virgen.
Esta mañana mi amadísimo Jesús en cuanto vino me dijo:
“Hija mía, todo tu gusto debe ser espejearte en Mí, y si esto lo haces siempre, tomarás en ti todas mis cualidades, mi fisonomía, mis mismos rasgos, y Yo, en correspondencia, todo mi gusto y sumo contento será deleitarme en espejearme en ti.”
Dicho esto desapareció. Yo estaba meditando en mi mente esas palabras y repentinamente volvió, puso su santa mano en mi cabeza y volviendo mi cara hacia Él agregó: “Hoy quiero deleitarme un poco al espejearme en ti.”
Un estremecimiento me recorrió todo mi cuerpo y un susto de sentirme morir, porque veía que me miraba fijamente, como queriéndose deleitar en mis pensamientos, miradas, palabras y en todo lo demás al espejearse en mí. “¡Oh Dios! ¿Soy causa de deleitarte o de amargarte?” iba repitiendo en mi interior.
En ese momento vino nuestra querida Mamá Reina en mi ayuda, trayendo una vestidura blanquísima entre las manos, y todo amabilidad me dijo:
“Hija, no temas, quiero suplir Yo misma por ti vistiéndote con mi inocencia, así mi Hijo al espejearse en ti puede encontrar el mayor deleite que se pueda encontrar en una criatura humana.”
Entonces me vistió con esa vestidura y me presentó ante mi querido bien Jesús diciéndole:
“Acéptala por consideración a Mí, querido
Hijo, y deléitate en ella.”
Así se me quitó todo temor y Jesús se deleitó enmí y yo en Él.
25 de diciembre de 1900
Vol. 4
Nacimiento de Jesús.
Encontrándome en mi habitual estado me sentí fuera de mí misma y después de haber girado me encontré dentro de una cueva y vi a la Reina Mamá que estaba en el momento de dar a luz al niñito Jesús. ¡Qué estupendo prodigio!
Me parecían tanto la Madre como el Hijo transmutados en luz purísima, pero en esa luz se distinguía muy bien la naturaleza humana de Jesús que contenía en sí a la Divinidad, y le servía como de velo para cubrir a la Divinidad, de modo que rasgando el velo de la naturaleza humana era Dios, y cubierto con ese velo era hombre, y he aquí el prodigio de los prodigios, Dios y hombre, hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espíritu Santo viene a habitar con nosotros y toma carne humana, porque el verdadero amor no se separa jamás.
Entonces me pareció que la Madre y el Hijo, en ese felicísimo instante, quedaron como espiritualizados y sin el mínimo obstáculo Jesús salió del seno materno, desbordándose ambos en un exceso de amor.
Es decir, esos santísimos cuerpos transformados en luz, sin el mínimo impedimento Jesús luz salió de dentro la luz de la Madre, quedando sanos e intactos tanto el uno como la otra, volviendo luego al estado natural.
Pero ¿quién puede decir la belleza del Niñito ya que en ese momento de su nacimiento translucía externamente los rayos de su Divinidad?
¿Quién puede decir la belleza de la Madre que quedaba toda absorbida en aquellos rayos divinos?
¿Y San José?
Me parecía que no estaba presente en el momento del parto sino que permanecía en otro rincón de la cueva, todo abstraído en ese profundo misterio, y si no vio con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma porque estaba arrebatado en éxtasis sublime.
Ahora, en el momento en que el Niñito salió a la luz yo quería volar para tomarlo entre mis brazos, pero los ángeles me lo impidieron, diciéndome que le tocaba a la Madre el honor de tomarlo primero. Entonces la Virgen Santísima, como sacudida, volvió en sí y de las manos de un ángel recibió al Hijo en sus brazos, lo estrechó tan fuerte en el ímpetu de amor en que se encontraba que parecía que lo quisiera encerrar de nuevo en Ella, después queriendo dar un desahogo a su
ardiente amor lo puso a tomar leche de su pecho.
Mientras tanto yo permanecía toda aniquilada, esperando ser llamada para no recibir otro regaño de los ángeles, y la Reina me dijo:
“Ven, ven a tomar a tu Amado y gózalo también tú, y desahoga con Él tu amor.”
En cuanto dijo esto me acerqué y la Mamá me lo puso en los brazos.
¿Quién puede decir mi contento, los besos, los abrazos, las ternuras?...
21 de agosto de 1901
Vol. 4
La Mamá Celestial le enseña el secreto de la felicidad.
Encontrándome en mi habitual estado, me encontré fuera de mí misma y después de haber girado y girado en busca de Jesús, encontré en cambio a la Reina Mamá, y oprimida y cansada como estaba le dije:
“Dulcísima Mamá mía, he perdido el camino para encontrar a Jesús, no sé más a dónde ir ni qué hacer para encontrarlo de nuevo.”
Mientras esto decía, lloraba, y Ella me dijo:
“Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás el camino y a Jesús; es más, quiero enseñarte el secreto para poder estar siempre con Jesús y para vivir siempre contenta y feliz aún en esta tierra, y es:
Tener fijo en tu interior que sólo Jesús y tú están en el mundo y nadie más, y sólo a Él debes gustar, complacer y amar y sólo de Él debes esperar ser amada y contentada en todo.
De esta manera, estando sólo tú y Jesús, no te impresionará más si estás rodeada de desprecios o alabanzas, de parientes o extraños, de amigos o enemigos… Sólo Jesús será todo tu contento y sólo Jesús te bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto que todo lo que existe acá abajo no desaparece del todo
del alma, no se puede encontrar verdadero y perpetuo contento.”
Y mientras esto dijo, de dentro de un rayo salió Jesús en medio de nosotros, yo lo tomé, lo llevé conmigo y me encontré en mí misma.
26 de enero de 1902
Vol. 4
La Santísima Trinidad y la Mamá Reina.
Esta mañana mientras me encontraba en mi habitual estado, veía ante mí una luz interminable y comprendía que en esa luz moraba la Santísima Trinidad, a la vez veía enfrente de esa luz a la Reina Mamá que quedaba toda absorbida por la Santísima Trinidad y Ella absorbía en sí a las tres Divinas Personas, de tal modo que quedaba enriquecida con las tres prerrogativas de la Trinidad Sacrosanta, es decir:
Potencia, sabiduría y caridad, y como Dios ama al género humano como parte de sí y como partícula salida de sí y desea ardientemente que esta parte de sí mismo vuelva en Él mismo, así la Mamá Reina, participando en esto, ama al género humano con amor entrañable.
24 de febrero de 1902
Vol. 4
La Santísima Virgen: Estrella de luz.
“Hija mía, mis dolores, como dicen los profetas, fueron un mar de dolores y en el Cielo se cambiaron en un mar de Gloria, y cada dolor mío hizo fructificar otros tantos tesoros de gracia. Y así como en la tierra me llaman “Estrella del mar” porque con seguridad guío al puerto, así en el Cielo me llaman “Estrella de luz” para todos los bien Aventurados, porque quedan recreados por esta luz que me produjeron mis dolores.”
10 de enero de 1903
Vol. 4
Las palabras más agradables a la dulce Mamá.
Esta mañana, después de haber esperado mucho, vino la Reina Mamá con el Niño en brazos y me lo dio, diciéndome que lo tuviera cortejado con actos continuos de amor.
Yo lo hice por cuanto pude y mientras esto hacía, Él me dijo:
“Amada mía, las palabras más agradables y que más consuelan a mi Madre son “Dominus tecum”, “el Señor es contigo”, porque en cuanto fueron pronunciadas por el arcángel, sintió comunicarse en Ella todo el ser divino, y entonces se sintió investida de la potencia divina, se perdió en ésta y mi Madre quedó con la potencia divina en sus manos.”
30 de junio de 1903
Vol. 5
La Santísima Virgen le enseña a tener la mirada interior fija en Jesús.
Encontrándome fuera de mí misma vi a la Reina Madre y postrándome a sus pies le dije:
“Dulcísima Madre mía, en qué terribles aprietos me encuentro privada de mi único Bien, de mi misma vida, siento que toco los extremos.”
Y mientras esto decía, lloraba.
La Virgen Santísima, abriéndose la parte del corazón como si abriera una custodia, tomó el Niño de ahí adentro y me lo dio, diciéndome:
La Virgen Santísima, abriéndose la parte del corazón como si abriera una custodia, tomó el Niño de ahí adentro y me lo dio, diciéndome:
“Hija mía, no llores. Aquí tienes a tu Bien, a tu Vida, a tu Todo. Tómalo y tenlo siempre contigo. Y mientras lo tienes contigo, ten tu mirada fija en tu interior en Él, no te preocupes si no te dice nada o si no sabes decirle nada, míralo solamente en tu interior, porque al mirarlo comprenderás todo, harás todo y darás satisfacción por todos. Esta es la belleza del alma interior, que sin voz, sin instrucción, como no hay ninguna cosa externa que la atraiga o la inquiete sino que toda su atracción, todos sus bienes están encerrados en el interior, fácilmente con el simple mirar a Jesús todo comprende y todo obra.
De este modo caminarás hasta la cima del Calvario y habiendo llegado ahí, no lo verás ya niño sino crucificado, y tú quedarás junto con Él crucificada.”
De este modo caminarás hasta la cima del Calvario y habiendo llegado ahí, no lo verás ya niño sino crucificado, y tú quedarás junto con Él crucificada.”
Entonces pareció que con el Niño en brazos y con la Virgen Santísima hacía el camino del Calvario. Conforme caminábamos, algunas veces encontraba a alguien que quería quitarme a Jesús y llamaba en ayuda a la Reina Madre diciéndole:
“Mamá mía, ayúdame porque me quieren arrebatar a Jesús.”
Y Ella me respondía:
“No temas, tu empeño sea tener la mirada interior fija en Él y esto tiene tanta fuerza que todas las demás fuerzas humanas y diabólicas quedan debilitadas y derrotadas.”
17 de diciembre de 1903
Vol. 6
La adoración de la Santísima Virgen cuando encontró a Jesús llevando la cruz.
Continuando mi habitual estado, por pocos instantes vi al bendito Jesús con la cruz sobre el hombro en el momento de encontrarse con su Santísima Madre, y yo le dije:
“Señor, ¿qué hizo tu Mamá en este encuentro dolorosísimo?”
Y Él:
“Hija mía, no hizo más que un acto de adoración profundísimo y simplísimo, y como el acto, cuanto más simple es, tanto más fácil es para unirse con Dios, espíritu simplísimo, por eso en ese acto se fundió en Mí y continuó lo que obraba Yo mismo en mi interior. Y esto me fue sumamente agradable, más que si me hubiera
hecho cualquier otra cosa más grande.
Porque el verdadero espíritu de adoración consiste en esto:
Que la criatura se pierda a sí misma y se encuentre en el ambiente divino, y adore todo lo que obra Dios y con Él se una.
¿Crees que sea verdadera adoración la que con la boca adora y con la mente piensa en otra cosa?
¿O que la mente adora y la voluntad está lejos de Mí?
¿O que una potencia me adora y las demás están todas desordenadas?
No, Yo quiero todo para Mí y todo lo que le he dado, en Mí, y éste es el acto más grande de culto de adoración que la criatura puede darme.”
Jesús usa ese momento de la pasión para enseñarle a Luisa el acto de perfecta adoración de María, y luego le enseña que toda su vida fue eso: Adoración perfecta y continua, sobre la cual se realizaban todos los misterios y actividad de Ella; maternidad divina, corredención, etc.
21 de diciembre de 1903
Vol. 6
Efectos de los dolores de la Santísima Virgen.
Esta mañana me encontré fuera de mí misma y al mirar la bóveda del cielo, vi siete soles resplandecientísimos, pero su forma era diferente del Sol que vemos, empezaban en forma de cruz y terminaban en punta y esta punta estaba dentro de un corazón. Al principio no se veía bien porque era tanta la luz de estos soles que no dejaba ver quién estaba adentro, pero conforme más me acercaba, más se distinguía que adentro estaba la Reina Mamá, y en mi interior dije:
“¡Cuánto quisiera decirle si quiere que me esfuerce en salir de este estado por mí misma sin que asista el sacerdote!”
Como sabemos, Luisa diario caía en un estado de éxtasis, quedando su cuerpo como petrificado, y su alma (o tal vez mejor: su espíritu) “fuera de sí misma” Para volver en sí necesitaba de la orden del sacerdote, lo cual implicaba que diario tenía que ir a la casa de Luisa para darle la orden de volver en sí. Este depender de los sacerdotes en este punto fue una pena muy dolorosa para Luisa durante toda su vida. En varias ocasiones Luisa quería no depender en este punto de ellos por la molestia que les significaba . En todas las ocasiones que le pidió a Jesús que la librar de esta pena por el fastidio que daba a los demás, Jesús, por varias razones que en su momento le explica, le responde “No”
Y se lo dije.
Ella me respondió con un “no” rotundo. Yo quede mortificada por esta respuesta y la Santísima Virgen se volteó hacia una multitud de personas que le hacían corona y les dijo:
“Oigan lo que quiere hacer.”
Y todos dijeron:
“¡No, no, que no lo haga!” Después, acercándose a mí, toda bondad me dijo:
“Hija mía, ánimo en el camino del dolor. ¿Ves estos siete soles que salen de mi Corazón?
Son mis siete dolores, los cuales me fructificaron inmensa Gloria y esplendor.
Estos soles, fruto de mis dolores, saetean continuamente el trono de la Santísima Trinidad, la cual al sentirse herida me envía siete canales de gracia continuamente haciéndome dueña de ellos, y yo los dispongo para Gloria de todo el Cielo, para alivio de las almas purgantes y para beneficio de todos los via.
Mientras esto decía, desapareció y yo me encontré en mí misma.
Vol. 6
17 de septiembre de 1905
Cómo se puede participar en los dolores de la Celestial Mamá.
“Hija mía, ¿qué quieres que tanto me deseas?
“Y yo:
“Señor, ¿qué tienes para ti? Eso quiero para mí.
“Y Él:
“Hija mía, para Mí tengo espinas, clavos y cruz.
“Y yo:
“Pues bien, eso quiero para mí."
Y me dio su corona de espinas y me participó los dolores de la cruz. Después agregó:
“Todos pueden participar en los méritos y en los bienes que fructificaron los dolores en mi Madre.
Quien anticipadamente se pone en las manos de la Providencia, ofreciéndose a sufrir cualquier especie de penas, miserias, enfermedades, calumnias y todo lo que el Señor disponga para ella, viene a participar en el primer dolor de la profecía de Simeón.
Quien actualmente se encuentra en los sufrimientos y está resignado, se está más estrechado a Mí y no me ofende, es como si me salvara de las manos de Herodes y sano y salvo me custodia en el Egipto de su corazón y así participa en el segundo dolor.
Quienes encuentran abatido de ánimo, árido y privado de mi presencia y está firme y es fiel en sus habituales ejercicios, es más, toma de eso ocasión para amarme y buscarme más sin cansarse, participa en los méritos y bienes que adquirió mi Madre en mi pérdida.
Quien se encuentra en cualquier ocasión, especialmente al verme gravemente ofendido, despreciado, pisoteado y trata de repararme, de compadecerme y de rezar por aquellos mismos que me ofenden, es como si Yo encontrara en esa alma a mí misma Madre que si hubiera podido me habría liberado de mis enemigos, y participa así en el cuarto dolor.
Quien crucifica sus sentidos por amor a mi crucifixión y trata de copiar en sí mismo las virtudes de mi crucifixión, participa en el quinto dolor.
Quien está en continua actitud de adorar y de besar mis llagas, de reparación, de agradecimiento y demás a nombre de todo el género humano, es como si me tuviera en sus brazos como me tuvo mi Madre cuando fui bajado de la cruz y participa así en el sexto dolor.
Quien se mantiene en mi gracia, corresponde a ella y no da morada a nadie en su corazón más que a Mí sólo, es como si me sepultara en el centro del corazón y participa en el séptimo dolor.
05 de Abril de 1908
Vol. 8
Todo lo que la Reina Mamá contiene su raíz y su principio en el Fiat.
Continuando mi habitual estado, me encontré fuera de mi misma en un jardín en el que veía a
Es asombroso que no exista bibliografía alguna sobre este tema: Qué es el Fiat Divino, cómo actúa, qué cualidades contiene, cómo puede estar en nuestra vida, etc. etc.
La mayoría de los traductores de la Biblia la han traducido al español con la palabra “hágase”, pero como veremos, esta palabra se queda muy corta ante lo que es: Fiat, o, mejor: El Fiat. A todo lo largo de la Sagrada Escritura se puede encontrar pronunciada la palabra Fiat sólo por Tres veces: La primera vez es en la creación, (Gen. 1,3) “...y dijo Dios: “Fiat lux.” (Hágase la luz), la segunda vez se encuentra en la encarnación del Verbo, esta vez pronunciada por la Santísima Virgen María: “Fiat Mihi Secundum verbum Tuum” (Lc. 1, 38) (Hágase en mí según tu palabra), y la tercera vez y pronunciada por Jesús: “Fiat Voluntas tua Sicut in Coelo et in terra” (Mt. 6, 10) (Hágase tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra).
Así que, podemos ver que esta palabra ha sido pronunciada en cada una de las tres obras que Dios ha hecho ad extra (hacia afuera): La creación, la redención y la santificación: “...porque la Voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tes.4,3). De modo que se puede decir que el “Fiat Divino es Uno y Trino, así como es la Santísima Trinidad. “En este capítulo Luisa ve claramente cómo en la Santísima Virgen María ese Fiat Divino que Ella poseía como vida era la causa de todas sus gracias, perfecciones y prerrogativas. Después verá toda su maternidad divina desarrollada en este Fiat Divino y vivificada por Él. A medida que se acrecienten las enseñanzas sobre este Fiat Divino tendremos oportunidad de hacer otros comentarios.
La Reina Mamá sentada sobre un altísimo trono, yo ardía por el deseo de subir hasta arriba para besarle las manos, y mientras me esforzaba por subir, Ella vino hacia mí y me dio un beso en el rostro. Yo, al verla, vi en su interior como un globo de luz y dentro de esa luz estaba la palabra Fiat de esta palabra descendían muchísimos, diferentes e interminables mares de virtudes, de gracias, de grandezas, de Gloria, de gozos, de bellezas y de todo lo que contiene nuestra Reina Mamá. Así que todo estaba radicado en aquel Fiat en ese Fiat tenían principio todos sus bienes.
¡Oh Fiat omnipotente, fecundo, santo! ¿Quién te puede comprender...? Yo me siento muda... Es tan grande que no sé decir nada; por eso mejor pongo punto. Entonces yo la miraba maravillada y Ella me dijo:
“Hija mía, toda mi santidad salió de dentro de la palabra Fiat. Yo no me movía, ni para un respiro, ni para un paso, ni para ninguna otra acción sino dentro de la Voluntad de Dios; mi vida era la Voluntad de Dios, Ella era mi alimento y mi todo. Esto me producía una santidad, riquezas, Gloria, honores, no humanos sino divinos. Así el alma: Por cuanto más está unida y fundida con la Voluntad de Dios, tanto más se puede decir santa, tanto más es amada por Dios y por cuanto más amada, tanto más favorecida por Él, porque la vida de esa alma no es otra cosa que el producto de la Voluntad de Dios y... ¿podrá no amarla si es una sola cosa con Él? Así que, no se debe mirar lo mucho o lo poco que se hace sino más bien en si es querido por Dios, porque Dios mira más el pequeño hacer, si es según su Voluntad, que el gran hacer pero sin Ella”.
9-Oración con las Alabanzas del Reino.
10-Oraciones Finales
10-Oraciones Finales
Cántico (Testamento Espiritual de Luisa)
Ahora muero más contenta, decía Luisa antes de morir, porque la Divina Voluntad me ha consolado en abundancia.
Veo ahora un largo, bello y amplio camino, iluminado de infinitos y resplandecientes soles.
Oh, sí, los conozco son los soles de mis actos hechos en la Divina Voluntad.
Es el camino que ahora debo recorrer, es el camino que la Divina Voluntad ha preparado para mí.
Es el camino de mi triunfo, es el camino de mi gloria, para unirme a la inmensa felicidad de la Divina Voluntad.
Es el camino que reservaré para ustedes y para todas aquellas almas que quieran vivir en la Divina Voluntad.
Gloria al Padre...
Ofrecimiento de la propia voluntad a la Voluntad de Dios a la hora de la muerte.
Mi último suspiro lo pongo en el último respiro que diste por mí en la cruz, para que pueda presentarme ante ti, con los méritos de tu misma muerte.
Ah, Jesús mío, ábreme el cielo y ven a mi encuentro a recibirme con aquel mismo amor con el cual te recibió tu Padre, cuando exhalaste sobre la cruz tu último respiro.
Luego, llévame al cielo entre tus brazos, y yo te besaré y me deleitaré contigo eternamente.
Madre mía, ángeles y santos, vengan a asistirme como asistieron a la muerte de Jesús, ayúdenme, defiéndanme y llévenme al cielo. Así sea.
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
San Aníbal Ma. De Francia, ruega por nosotros.
San Pio de Pietrelcina, ruega por nosotros
Luisa, pequeña hija de la Divina Voluntad, continúa en medio de nosotros viviendo y difundiendo el reino de la Divina Voluntad.
Ángel mío, custodio mío, haz que siempre viva en la Voluntad de Dios. Amén
SALVE A LA SANTÍSIMA VIRGEN (Cantada o rezada)
¡ EN LA VOLUNTAD DE DIOS!
¡SIEMPRE!


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