Lema: “Ser María, regalando hogar”
Palabras del Padre Kentenich
El lugar que ocupa la Santísima Virgen en el Plan de salvación, así como al realidad del tiempo actual y de la vida, nos impulsan con suave violencia a los brazos y al corazón de María, nuestra Madre y Educadora. No solo ella nos aconseja cobijarnos en forma segura y permanente en Su Corazón, también lo hace el Santo Padre, al indicarnos que realicemos por nuestra parte la consagración a su sagrado Corazón.
Te elijo hoy como mi Madre y Señora. Te consagro para siempre, ahora y en la eternidad, todas las gracias y fuerza que hay y habrá en mí. Como Madre educadora guíanos cada día para que aprendamos y cultivemos en nosotros la humildad, el amor, la fe, la esperanza, la castidad de corazón, la obediencia, la paciencia, el amor al prójimo y la fidelidad al Plan de Dios.
Para cada día
Oración inicial. Meditación diaria. Santo Rosario. Oración final.
Oración Inicial
Aseméjanos a ti, y enséñanos a caminar por la vida, tal como Tu lo hiciste, fuerte, digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría. En nosotros recorre nuestro tiempo, preparándolo para Cristo Jesús. Amén.
1er. Día: María como ejemplo de humildad
María se veía tan pequeña, que si bien se sabía llena de Gracia, no se ensalzaba por ninguna de sus virtudes. Tenía presente que todo Ella era un don de Dios. En la Anunciación, conmovida por las palabras del Angel, se manifiesta como la Esclava del Señor, accediendo al Plan de Amor. María nos e buscó los primeros lugares, como la Madre del Salvador, aunque no dudó en estar presente, de píe, junto a la Cruz.
Oh María, Virgen Inmaculada, Madre de Dios y Madre Nuestra, ayúdame a estar cerca de Jesús, vísteme con el manto de tu humildad para que desparezca la soberbia de mi corazón. Amén
2do. Día: Amar a Dios y al prójimo como María
Cristo nos dio este mandamiento: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y al prójimo, como a ti mismo”. María cumplió a cabalidad este doble precepto. El corazón de María se hizo fuego y llama, fuego por el amor a Dios que ardía en ella, llama porque resplandecía fuera ejercitando la caridad.
María, reina del amor haznos participe, al menos, de una chispita de ese fuego. Ruega por nosotros, a los que nos falta el Amor de Dios. Amén
3er. Día: Creer como María
La Virgen Santísima tuvo más fe que todos los hombres juntos, Ella que vio nacer a Jesús en un establo lo reconoció Rey de Reyes. Recostado sobre un poco de paja, lo creyó Omnipotente. Lo vio finalmente morir en la cruz, vilipendiado y aunque vacilara la fe de los demás, maría estuvo siempre firme en creer que era Dios.
La fe es a la vez un don y una virtud. Es un don de Dios, como luz que El mismo difunde en el alma, y es una virtud, en la medida que la ponemos en práctica. La Santísima Virgen vivió toda su vida conforme a su fe.
Oh María, Virgen Inmaculada, madre de Dios y Madre Nuestra, dame esos ojos que lo miran todo a la luz de la fe. Amén
4to. Día: Confiar y tener esperanza como María.
De la fe nace la esperanza. Dios nos ilumina con la fe para el conocimiento de su bondad y de sus promesas, para que nos animemos por la esperanza a desear poseerlas. La Santísima Virgen nos muestra cuán grande era su confianza en Dios en todos los momentos de su vida: en belén, en Egipto, en Nazaret y en el Calvario. María no tuvo una palabra de queja, sino que del todo abandonada en Dios, confío en que El la asistiría en lo necesario. Aprendamos de María a confiar como es debido, sobre todo en la gran tarea de nuestra salvación, en la que, si bien es cierto que se necesita de nuestra cooperación, sin embargo debemos esperar sólo de Dios la gracia para conseguirla.
Madre de la Esperanza, concédenos la fortaleza de entregarnos en tus manos, para que nos enseñes a confiar como tú lo hiciste, con la esperanza y fe de que solo Dios todo lo puede. Amén
5º Día: Castidad de María
El Señor nos dio en María el modelo perfecto de la transparencia al amor de Dios. La llamada evangélica a la castidad se dirige a todos los cristianos, cualquiera sea su estado. Es una llamada a no utilizar al otro para el propio placer. La castidad es un modo de vivir libre, respetando al otro como ser humano, imagen y semejanza de Dios, luchando contra lo que, en nuestro interior, nos empuja a transgredir los límites que hacen nuestra humanidad. Oh María, Virgen inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, que tu nombre, pronunciado con confianza, sea mi recurso, que tu nombre, pronunciado con confianza, sea mi recurso cuando debo renunciar a las pasiones del espíritu y de la carne, y pueda realizar solo aquello que le agrada a Dios. Amén.
6º Día: La Pobreza de María
El ejemplo de la pobreza de María es realmente extraordinario. Antes de morir, Jesús nos demuestra una vez más, la pobreza de su Madre. María se quedaba sola, y el Señor recurre a su discípulo amado, Juan, para que la reciba. María formó parte del pueblo sencillo de su tiempo, compartió su vida ardua y anónima: la Madre de Dios y de los hombres es una mujer como ellos. No poseyó nada, sin embargo, lo tenía todo.. Esto nos hace mirar más allá de la pobreza material, ese espíritu de pobreza es el que brilla en María. Oh María, Alcánzanos la gracia de reconocernos pequeños delante de Dios y ofrecernos enteramente como instrumentos dóciles en sus manos. Amén
7º Día: Obediencia y Paciencia de María
Cuando alzando la voz dijo la mujer del Evangelio:
‹ ¡Dichoso el seno que te llevó! ›, contestó Jesús: ‹Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios y la guardan›.
En esto María es la primera discípulo de su hijo. María aceptó la voluntad de Dios y se convirtió en la Madre del Salvador. Ese mismo Hijo, le encomendó desde la Cruz la misión de ser Madre de todos los hombres, para alimentarnos y educarnos, como solo Ella sabe hacerlol.
Oh María, Virgen inmaculada, Madre de Dios y Madre nuestra, ayúdanos a obedecer fielmente a la voluntad de Dios, a llevar las cruces en paz, y a amar a Dios cada vez más. Amén
8º Día: La fidelidad de María
Los seres humanos, desde lo más íntimo de nuestro ser, tenemos que responder, con libertad, al llamado que el Señor hace. Toda auténtica realización humana pasa por el cumplimiento de ese Plan de Amor personal y comunitario. María nos muestra cuatro dimensiones de la fidelidad al Plan de Dios: la escucha atenta, la apertura a la Palabra; la acogida, es asumir con alegría prontitud y amor lo que hemos descubierto; la coherencia, por la que respondemos con el compromiso de la propia vida; y la constancia, que es mantenernos en todo momento en la voluntad del Padre. Madre de Bondad, ayúdanos a ser fieles al Plan de Amor de Dios para con nosotros, guíanos para descubrirlo, y acompáñanos en el caminar diario. Amén
9º Día: La Oración de María
Nadie en la tierra ha practicado con tanta perfección la gran enseñanza de nuestro Salvador como la Virgen María: “Hay que rezar siempre y no cansarse de rezar”, la Madre de Dios, después de Jesucristo, es el más perfecto modelo de oración. Ella supo encontrar a Dios en el silencio y la contemplación, dos virtudes muy poco comunes en estos tiempos. El Espíritu Santo siempre habitó en el corazón de María, haciéndola vivir en estrecha amistad con Dios. Desde el primer momento vemos que estando en oración el Ángel Gabriel le hace el Anuncio. Su respuesta es una oración de confianza, entrega y obediencia plena. Nos enseña que a Dios podemos hablarle con el corazón, con nuestras actitudes de sincera disposición a hacer su voluntad, en conciencia y en libertad. Virgen Santísima, Madre de la Oración continua y perseverante, enséñanos a amar la oración y el silencio, a abrir nuestras almas y sobre todo, a escuchar lo que en esos momentos nos dice el Señor. Amén.
ORACION FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Reina de Tupãrenda Madre mía, me pides el corazón,.
Lo necesitas para construir un nuevo Paraguay.
¡Si, te lo doy! Que ya no sea mío, sino tuyo, que sea de mi familia, de mi Iglesia, de mi Patria.
Que te pertenezca y se asemeje al corazón santo de Roque González de Santa Cruz.
María, remolino de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, lleva mi corazón consagrado
Hasta el corazón mismo de Dios Trino, para que nazca Cristo de nuevo en todos los paraguayos.
María de la Trinidad: Ruega por nosotros, te damos el corazón. Amén.
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